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Por: Equipo Editorial

A medida que se acerca la esperada Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, la emoción de los aficionados se ha visto empañada por una creciente frustración: los precios exorbitantes de los boletos. Informes recientes indican que asistir a los partidos en suelo estadounidense será más costoso que nunca, lo que ha generado un intenso debate sobre la accesibilidad del evento deportivo más popular del planeta.
Según expertos en la industria deportiva, los precios récord son un reflejo del enorme crecimiento de la popularidad del fútbol en Norteamérica, combinado con estrategias de venta de la FIFA que, según los críticos, están diseñadas para maximizar las ganancias en el lucrativo mercado estadounidense. En mercados secundarios, las entradas para partidos de las primeras fases en ciudades como Los Ángeles y Atlanta ya superan los $500 dólares cada una, y se espera que estas cifras aumenten significativamente a medida que se acerque el torneo en junio.
Un deporte “popular” cada vez más exclusivo
“Para aquellos de nosotros que solíamos quejarnos de que el fútbol no era lo suficientemente popular en los EE. UU., esto es como tener cuidado con lo que deseas”, comentó Andrés Martínez, autor deportivo y codirector del Great Game Lab de la Universidad Estatal de Arizona. Martínez señaló que la idea romántica de que el fútbol global es accesible para todos se ha convertido en “una ficción”, describiendo la situación actual como “la corporatización de las Copas del Mundo con esteroides”.
Una de las principales quejas de los aficionados es la supuesta falta de transparencia por parte de la FIFA y las naciones anfitrionas sobre cómo se distribuyeron los boletos antes de llegar a los mercados de reventa. A finales del año pasado, muchos seguidores pagaron miles de dólares por paquetes de entradas sin conocer su ubicación exacta, descubriendo más tarde que no incluían los asientos más deseables o, en algunos casos, tenían vistas obstruidas.
La respuesta de la FIFA
La controversia se intensificó recientemente cuando la FIFA anunció una nueva categoría de boletos premium, lo que algunos medios han calificado como un intento de extraer aún más dinero de los asientos preferenciales. En respuesta a las críticas, la organización rectora del fútbol mundial emitió un comunicado explicando que asignó un gran bloque de entradas a las naciones anfitrionas, permitiendo que cada asociación miembro gestione su propio proceso de selección y distribución.
“Se les pide que aseguren que estas entradas se asignen específicamente a aficionados leales que estén estrechamente conectados con sus equipos nacionales”, declaró la FIFA, reconociendo al mismo tiempo la demanda sin precedentes para el primer Mundial en Norteamérica en más de tres décadas. Además, defendieron su portal de mercado secundario, argumentando que refleja “las prácticas estándar del mercado de entradas para grandes eventos deportivos y de entretenimiento”.
A pesar de las quejas, analistas económicos sugieren que la FIFA confía en que la ley de la oferta y la demanda jugará a su favor. “La Copa del Mundo es el evento deportivo más grande del mundo, y llega al mercado deportivo más grande del mundo”, explicó Ben Shields, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Aunque algunos precios podrían estabilizarse para los primeros encuentros, se espera que las semifinales y la final mantengan costos prohibitivos, impulsados por aficionados dispuestos a pagar cualquier precio por presenciar la historia en persona.
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